“El talento es escaso”; “Hay que retener el talento”; “el peligro es la fuga del talento”....: frases cotidianas que a fuerza de repetirse se han convertido en axiomas, donde parece que ese talento es un bien poco habitual. De todas maneras, es normal que tengamos esta percepción.
¿Qué se puede esperar de un sistema donde la definición clásica de economía es “cubrir necesidades ilimitadas con recursos limitados”, y que sanciona el sistema de competitividad y consumo en el que estamos inmersos?