El perfeccionismo no existe. Aunque existe el querer ser perfecto, conditio sine qua non la mayoría de las religiones no tendría razón de ser. Dice la Real Academia que ser perfecto es tener el mayor grado posible de excelencia; la cuestión es que ese “posible” viene condicionado, sin duda, por la capacidad del individuo, que suele ser limitada. Afortunadamente.
El ser humano está diseñado, no para ser perfecto y completo en sí mismo, sino para poder completarse y complementarse con otros seres humanos. De ahí que una organización sea más poderosa que cualquier individuo. Por lo tanto la perfección –o lo que yo llamo “tener el mismo tanto por ciento de los nueve eneatipos”- no existe en un solo individuo sino que puede existir en una comunidad, y esto sucede por la obviedad aplastante de la Ley de la Compensación.